La velocidad de obturación es uno de los elementos clave más importantes que afecta significativamente en el resultado final de cualquier proyecto audiovisual. Por ello, saber qué es y cómo cambiar la velocidad de obturación, será un elemento clave para capturar las mejores fotografías y vídeos

¿Qué es la velocidad de obturación?

La propia expresión “ángulo de obturación” es un anacronismo que nos retrotrae a la época de los pioneros en el cine. Las cámaras de finales del siglo XIX y principios del siglo XX contaban siempre con un obturador rotatorio. Y este obturador era un disco plano, giraba a una velocidad constante en sincronización con el mecanismo de arrastre de los fotogramas de la película. Lo que hacían los operadores en aquel momento era intercambiar según el ángulo distintos discos en la propia cámara. El círculo más sencillo tenía abierta la mitad de su circunferencia abierta y, por lo tanto, correspondía a un ángulo de 180º, que se ha interpretado como el estándar para rodar cualquier tipo de película. Este estándar se convirtió en el que marcaba el desenfoque de movimiento al que los públicos de todo el mundo se acostumbraron al empezar a ver imágenes cinematográficas. Para modificar la velocidad de exposición había que cambiar físicamente el disco. Cuanto menor era el ángulo, mayor era la obturación y viceversa. 

Con el tiempo, el cambio de los discos pasó a ser algo que realizaba el mecanismo interno de la cámara. Y con la llegada de las cámaras electrónicas se sustituyó el ángulo de obturación por la velocidad de obturación, que en realidad es la que deberíamos utilizar como término a día de hoy con cualquier cámara de cine.

En definitiva, la velocidad de obturación es un término utilizado en fotografía y cinematografía, que se refiere al tiempo durante el cual el obturador de una cámara permanece abierto para permitir que la luz alcance el sensor de imagen o la película. Es uno de los factores clave en la exposición de una imagen, junto con la apertura del diafragma y la sensibilidad ISO.

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¿Cómo calcular la velocidad de obturación?

La velocidad de obturación se mide en segundos o fracciones de segundo. Por ejemplo, una velocidad de obturación de 1/250 significa que el obturador está abierto por una doscientos cincuentava parte de un segundo, mientras que una velocidad de 1 segundo significa que el obturador está abierto durante un segundo completo.

La fórmula para hallar la velocidad de obturación equivalente a cualquier ángulo es simplemente dividir un segundo entre el número de fotogramas por segundo que va a tener el proyecto multiplicado por 360 y a su vez dividido entre el ángulo que deseamos obtener.

A velocidades de obturación muy elevadas se producen imágenes cada vez más obturadas y más contrastadas y que parece dar pequeños saltos entre un fotograma y el siguiente. A este fenómeno se le conoce como stacatto y genera fatiga visual y tensión en el espectador.  

Velocidad de obturación para vídeo

Controlar la velocidad de obturación para vídeo, también conocida como «shutter speed», se refiere al tiempo que cada fotograma del video está expuesto a la luz. La velocidad de obturación en video afecta la cantidad de desenfoque de movimiento visible en cada fotograma. La regla general para determinar la velocidad de obturación adecuada en video es usar el «doble de la tasa de fotogramas».

La regla más comúnmente utilizada para establecer la velocidad de obturación en video es la «regla de los 180 grados», la cual recomienda que la velocidad de obturación sea el doble de la tasa de fotogramas para obtener un desenfoque de movimiento natural que se asemeja a cómo percibe el movimiento el ojo humano. Esto proviene del concepto del ángulo del obturador en cámaras de cine tradicionales, donde un ángulo de obturador de 180 grados expondría la película durante la mitad del tiempo de un fotograma.

Ejemplos de cómo cambiar la velocidad de obturación

En velocidades de obturación más rápidas, es decir, con tiempos menores de exposición por fotograma, se pueden obtener imágenes con menos desenfoque de movimiento, que hacen que el movimiento en la imagen se vea más entrecortado o «nítido». Esto puede ser útil en escenas de acción rápida o deportes, pero puede resultar en un aspecto menos natural. Pero hay que tener presente que se puede conseguir un efecto estroboscópico, si se usa una velocidad de obturación demasiado alta, especialmente en tasas de fotogramas más bajas (como 24 fps), el movimiento puede parecer entrecortado y antinatural.

En velocidades de obturación más lentas, con mayor tiempo de exposición por fotograma, la imagen se percibe más natural y es lo que generalmente se busca en la mayoría de las producciones de video. Pero se corre el riesgo de que en el vídeo se perciba un desenfoque excesivo. Si la velocidad de obturación es demasiado lenta, puede haber demasiado desenfoque de movimiento, lo que puede hacer que las imágenes se vean borrosas, especialmente en escenas con mucho movimiento.

Por ejemplo, en la fotografía de Acción para capturar deportes o vida silvestre es necesario emplear una velocidad de obturación rápida,  como entre 1/500 y 1/2000 de segundo, para capturar imágenes nítidas de objetos en movimiento rápido. Esto es ideal para capturar  el movimiento de jugadores en un partido de fútbol o aves en vuelo, evitando el desenfoque y resaltando los detalles.

Para realizar vídeos de paisajes nocturnos o con poca luz, se  debe de emplear una velocidad de obturación lenta, de 1 segundo o más, para permitir que más luz alcance el sensor. Esto es esencial para capturar detalles en escenas oscuras, para capturar las estrellas en el cielo nocturno o paisajes urbanos nocturnos, donde la luz es limitada y se necesita una exposición prolongada.

Controlar la velocidad de obturación es muy necesario para obtener el efecto de desenfoque de movimiento, muy utilizado para capturar cascadas o luces urbanas nocturnas. Se debe de emplear una velocidad de obturación muy lenta, de varios segundos, para capturar el movimiento continuo de luces o agua, creando un efecto artístico de desenfoque. Esto se puede ver en fotografías de tráfico nocturno, donde las luces de los coches forman estelas, o en cascadas, donde el agua parece sedosa y fluida debido al tiempo prolongado de exposición.

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