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Latitud

Latitud I

Desde hace muchos años se discute sobre cuál es exactamente la latitud, el rango dinámico del sistema de visión humano. No se ha llegado a una conclusión, pero se sabe más o menos a ciencia cierta, que en el momento en que cualquier persona se introduce en un entorno nuevo, en ese preciso instante, antes de que nos hayamos adaptado al entorno, a las características del luminosidad y de contraste de ese entorno que acabamos de entrar, la latitud de nuestro sistema de visión no supera en ningún caso los 13 stops. Sin embargo, en el momento en que se ha producido esa adaptación, en el momento en que el ojo humano examina exactamente cuáles son las circunstancias de luminosidad y contraste que hay en la escena y se adapta a ella, se discute aquí cuál sería la latitud final que podríamos conseguir a partir del procesado que hace el cerebro, de la información que le envían los nervios oculares. Se estima dependiendo del científico al que le preguntes qué ronda entre los 22 y los 30 stops.

opticas de cine

Ningún dispositivo fotográfico o cinematográfico actual es capaz de trabajar con semejantes valores de latitud. Lo más cercano que podemos hacer es hacer una sucesión de exposiciones para conseguir al final un archivo de altísimo rango dinámico, un HDR muy elevado y a partir de ahí encapsular toda la información en un archivo de punto flotante de 32 bits que mantendría todos los valores de las altas y las bajas luces con gran detalle. Pero insisto, no se puede con ningún dispositivo hacerlo en una única exposición.

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El intervalo tonal, también llamado rango dinámico, equivaldría por lo tanto al número de pasos que somos capaces de fijar en un soporte de almacenamiento cualquiera. Las emulsiones fotoquímicas actuales tienen unas latitudes que rondan entre los 12 y los 14 stops. Si le aplicáramos el clásico sistema de zonas de Ansel Adams, podríamos decir que las altas luces se situarían aproximadamente en la zona 8. Los grises intermedios de la imagen en las zonas 4, 5 y 6 y los negros más profundos estarían en la zona 1. Todo esto manteniendo aproximadamente un margen de un stop de sobreexposición y de sub exposición. En los últimos tres lustros, los sistemas de captación digital han conseguido acercarse e igualar e incluso superar la latitud de las emulsiones fotoquímicas. Si bien para hablar de intervalo tonal en estos sistemas de captación digital, de lo que habría que hablar es en realidad de distintas gamas de señales, desde la más fuerte hasta la más débil. Por lo tanto, cuando hablamos realmente de intervalo tonal, en el caso de un sensor de captación digital, de lo que estamos hablando es de la diferencia que hay entre el ruido de fotón que tenemos cuando no hay señal y el máximo grado de señal en la cual todavía podemos tener detalle sin que se distorsione. Esta relación se ha ido midiendo o bien en decibelios o bien en pasos, en f stops de latitud. La relación entre ambas no está demasiado clara para el común de los mortales, y los fabricantes, en honor a la verdad, no han hecho mucho para facilitar las cosas. Pero es cierto que siempre nos quedan las matemáticas, por aburridas que puedan resultar, lo tremendo que puede resultar tener que aplicarlas, pues por lo menos son una medición científica de la realidad y de la verdadera relación entre dos magnitudes. Para eso las matemáticas siempre sirven. El decibelio es la unidad de medida que establece la relación entre dos señales por medio de escalas logarítmica. La única realmente asimilable a la percepción visual humana. Según su notación científica el decibelio, expresa la relación entre dos valores dados por medio de sus logaritmos de base 10.

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Utiliza una medida de 20 veces el logaritmo de la relación entre los dos valores para las amplitudes de señal dadas y la compara con otra de 10 veces la relación entre esos dos valores, para conseguir tener la información más precisa gracias a esa comparativa. La discusión sobre cómo medir la base de 0 decibelios para un sensor digital concreto, está siendo eterna, porque hay que determinar exactamente cuál de las dos fórmulas es idónea para cada sensor y, evidentemente, cada cual tienen argumentos razonables para defender su postura. Pero como regla general, en la mayoría de los casos podríamos decir aproximadamente que la relación señal-ruido de una señal de 8bits sería de 48 decibelios y la de una de 16 bits sería de 96 decibelios. A menudo el rango dinámico o el intervalo tonal se refiere a la relación que hay entre la señal más alta posible, aquella que se llama clipping, porque es cuando realmente los blancos están quemados y la más baja posible, que es cuando hay ruido completamente de fondo, es decir, que completa toda la imagen.

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También es posible expresar el intervalo tonal o rango dinámico de nuestra cámara, en bits o en stops, y la verdad es que son números bastante parecidos. Por ejemplo, si tenemos una cámara con aproximadamente 10 stops y medio de latitud, se puede decir que el valor de bits sería de 10,462. Pero en la práctica, todos estos cálculos matemáticos se quedan en el papel. Al final, lo que determina la prueba de fuego, es si el público tolera el ruido o no y para eso no queda más remedio que rodar la imagen y ver cuáles son las consecuencias. Digan lo que digan los fabricantes, que insisten en asociar unos valores de ruido específicos a una clasificación ISO, pero esto no deja de ser inexacto, porque hay demasiadas variables, dependiendo de la curva que estés usando, entre muchas otras cosas, como para que realmente podamos asociar un valor exacto de ISO, al mismo ruido en cualquier cámara, con cualquier tipo de sensor. Así que realmente no se puede ni se debe siempre establecer una paridad entre una clasificación ISO y un nivel de ruido concreto. Cada cámara reacciona de manera diferente porque cada sensor reacciona de manera diferente y es mucho más sencillo y mucho más práctico utilizar la comparación en términos de decibelios, aunque, también depende de muchos otros factores.

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Lo más complicado de todo esto es poder determinar los niveles de ruido aceptables en las bajas luces. Contrariamente, es muy sencillo saber exactamente dónde está el clipping en las altas luces, saber cuando los blancos se han quemado y determinar cuándo es aceptable o no. Basta con tener un monitor forma de onda y mirar el momento en el cual la señal queda completamente plana en la parte superior del monitor. Sin embargo, determinar qué es ruido tolerable o qué no lo es en los niveles bajos, es muchísimo más complejo, no sólo porque es más difícil de apreciar en un osciloscopio con detalle, de manera tan clara, tan evidente, sino también porque caben distintas interpretaciones y distintos usos de ese ruido, incluyendo un uso creativo. Por ejemplo, cuando se empezaron a rodar películas de medio y gran presupuesto en Hollywood, con sistemas de captación digital, era muy común que aquellos directores de fotografía que se aventuraban en este nuevo territorio, se decidieran a aprovechar el ruido y las bajas luces a su favor. También hay una manera de utilizar el ruido en bajas luces, como textura o puede utilizarse de manera más o menos orgánica, adaptada a la narración. Cómo podemos medir de verdad, de alguna manera, cómo influye el ruido en las bajas luces cuando empieza a ser inaceptable o cuando no? Hay que saber distinguir entre los distintos tipos de ruido electrónico que existen, porque no hay uno solo y saber a qué nos referimos cuando mencionamos cada uno.

De todo ello vamos a hablar en el siguiente capítulo.

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