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Un frame de “The Duellists” Ridley Scott, fotografía de Frank Tidy. Luz naturalista en su máxima expressión.

La estrategia de la luz

ESPACIO DIDÁCTICO

Por Noel Méndez Budia
Área de cine de la EMAV

“Trato de escribir la historia de la película con la luz. Trato de hallar la idea maestra de la misma y como se puede representar esta de manera simbólica, emotiva, psicológica, realista y física.” — Vittorio Storaro

En el mundo natural la luz es “inelectiva”, “inorganizada”, vacía de sentimiento, no signifi cativa. Podemos estar tristes en el día más radiante de verano y ser las personas más felices del mundo en medio de una oscura tormenta de otoño. Al mismo tiempo no debemos olvidar, que las estaciones del año, el clima, los colores, la calidad de la luz, afectan nuestro estado de ánimo y pueden dirigirlo hacia un punto concreto. Seguro que casi todos nosotros recordamos el miedo que nos daba la oscuridad de niños, y lo que nos gusta pasar los días de lluvia tumbados en el sofá. Como seres humanos hay una clara interrelación con la luz, el color y nuestra realidad diaria. Y eso lo aprovechamos en el audiovisual, donde la luz es invariablemente más o menos signifi cativa. Siempre debemos escoger una estrategia para iluminar nuestro audiovisual. Las luces, las sombras y los colores muestran las formas y las texturas de un rostro o un objeto, sugieren un ambiente particular o, como sucede con la música, crean atmósferas. Además, cabe destacar que Vittorio Storaro lo explica perfectamente en su manera de fotografi ar los fi lms a través de la cita aquí arriba mencionada. De entrada observamos dos amplios estilos para trabajar con luz. La primera es emplear la luz como aporte de sentido, y la segunda como ausencia de sentido. En la primera opción la luz adopta funciones simbólicas y signifi cativas. Cada cultura tiene su propia mitología y signifi cado sobre la luz y el color. Y eso es exactamente lo que aprovechamos para crear atmósferas. Podemos decir que nace con el cine expresionista en los años 20 y se vuelve un estándar con la iluminación académica de los años 30-50 evolucionando hacia formas más sofi sticadas hasta nuestros días, donde convivimos en un gran eclectismo estético hipertécnifi cado. Dentro de este amplio modo tendríamos dos subestilos. Y quede claro que dejo fuera de la partida la iluminación más clásica de tres puntos porque claramente la hemos dejado atrás como canon. El primer subestilo es el naturalista o de luz justifi cada, que básicamente sigue la ubicación lógica de las fuentes de luz en una escena. Es una especie de realidad romantizada en la que te basas en la naturaleza para aportar el matiz que deseas en cada escena de tu audiovisual. Debe quedar bien claro que la prioridad es la historia que quieres expresar y como lo haces plásticamente. El segundo subestilo sería lo que podríamos denominar “pictoralismo” o barroco. Nos abre al empleo de la luz como manifestación enérgica y artística sin tener más límites que los propios que impongas al audiovisual. Permite usar ángulos de iluminación, colores y texturas del todo ilógicos siempre que exista una coherencia interna. Aquí encontramos proyectos más arriesgados o puramente estéticos. Debemos notar que habitualmente en el audiovisual conviven escenas justifi cadas con escenas pictóricas. Si volvemos a la raíz de las estrategias podemos entrar en la ausencia de sentido. Propuesta muy radical, donde se quiere que la luz tenga un impacto mínimo en el sentido, y se practican iluminaciones neutras. Grandes áreas de luz rebotada o respetando escrupulosamente la luz que hay. Este concepto nace en los años 60 con el cine underground y en los 90 pudimos volverlo a disfrutar con el movimiento Dogma 95.

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