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Ingmar Bergman durante un rodaje en 1960. Foto GTRESONLINE

Deja ir lo que creer que deberías ser, y abraza lo que eres

ESPACIO DIDÁCTICO

Por Noel Méndez Budia
Área de cine de la EMAV

Desde que nacemos vivimos rodeados por la industria audiovisual, las imágenes en movimiento se han vuelto parte de nuestros mitos, valores, sueños y pesadillas. El cine las series, los videoclips, los documentales, los canales de youtube… son nuestras ventanas a una realidad donde la fi cción y la realidad se funden. En la actualidad vivimos una época de exuberancia audiovisual, la fotografía es refi nada, altamente técnica, manierista y ecléctica. Hemos llevado a niveles insospechados la forma visual, los encuadres, la dirección de fotografía, los movimientos de cámara, los fx, el sonido, todo el workfl ow técnico es impecable… y sin embargo, siento que por el camino los contenidos se han vuelto más conservadores y predecibles en general. Cuesta encontrar mensajes auténticos ante tal avalancha de productos.

Algunos dirán y con razón, que el papel de la mujer ha cambiado. Ahora las mujeres son heroínas, buscan su lugar en el mundo sin necesidad de maestros, desafi ando el viejo orden (como sucede en la nueva trilogía de “Star wars” o con el personaje de Daenerys en “Juego de tronos”). Y aunque sean historias fantásticas, no dejan de ser historias clásicas, donde cambiamos un papel por otro. Es tan solo mi opinión, pero me parece que de la última revolución en el lenguaje y los contenidos audiovisuales de los años 60 queda poco. No puedo dejar de maravillarme ante obras como “2001: A Space Odyssey” de Stanley Kubric, “Andrei Rublev” de Tarkovsky, “Popiół i diament” de Andrew Wazda, “Il deserto rosso” de Antonioni, “Shadows” de Cassavetes, “A bout de soufl e” de Godard, “Jungfrukällan ” de Ingmar Bergman, o los documentales de Chris marker o Guy Debord entre muchísimos autores más. Sorprende que al revisar muchas de las obras de los años 60 y 70 sean en contenido y forma mucho más auténticas y avanzadas de lo que estamos viendo en la actualidad.

Y es que actualmente los productos audiovisuales se mueven en un universo de referencias cruzadas, donde cada obra remite a otra, y es difícil ver algo realmente innovador. Todo forma parte de un espectáculo de consumo rápido. Como si los autores fuésemos incapaces de encontrar lo que realmente nos motiva y poder expresarlo, de poner sobre la mesa nuestras preocupaciones y hablar de los desafíos del mundo que nos ha tocado vivir.

Si, es cierto que tenemos grandes técnicos y unas imágenes muy hermosas, las facturas de la actualidad son preciosistas, es indiscutible. Vivimos en una especie de barroco audiovisual donde lo refinado, el ornamento técnico, el gusto por lo anecdótico, las ilusiones ópticas a manos del fx y los golpes de efecto son la base.

Pero los contenidos siguen siendo generalmente novelas del siglo XIX y es interesante entender que la novela del siglo XX ha encontrado nuevas maneras de expresarse. Un ejemplo seria autores como Thomas Pynchon o David Foster Wallace. ¿Qué ha pasado en el audiovisual para no evolucionar?, una respuesta lógica sería la necesidad de amortizar el producto. Como decía el humorista Bill Hicks “Se trata de dinero, no de libertad. ¿Crees que eres libre? Trata de ir a un lugar sin dinero.” Y de alguna manera los lugares que promueve el dinero son los productos que vemos. Aun así, esta explicación no sería sufi ciente para entender la complejidad de lo que está sucediendo.

«Juventud, ¿sabes que la tuya no es la primera generación que anhela una vida plena de belleza y libertad?» Albert Einstein

Constato en mis clases que las nuevas generaciones están imbuidas en esta corriente donde Netfl ix, HBO y el youtube con sus videoclips y youtubers son las nuevas referencias. Se han perdido los títulos clásicos y los autores que aportaron algo original en su época están relegados a las estanterías físicas y digitales de algunos cinéfilos.

Está claro que cada generación tiene que escribir su propia historia, es algo hermoso. Y deberíamos poner todas las condiciones a nuestro alcance para que se expresen plenamente. Pero no olvidemos la reflexión de Albert Einstein: “Juventud, ¿sabes que la tuya no es la primera generación que anhela una vida plena de belleza y libertad?”.

De alguna manera las batallas que deben luchar las nuevas generaciones surgen de las victorias y derrotas de las generaciones que les han precedido. Posiblemente la batalla que nos ha tocado luchar no tiene nada que ver con construir imágenes bellas en estructuras clásicas, de eso andamos sobrados. Posiblemente el desafío que se nos abre en nuestra época es el de encontrar cada uno su voz propia, autentica, con una visión fresca y conectada con el presente y no con imitaciones y valores mayoritariamente norteamericanos. Para empezar este camino no hay atajos, solo podemos empezar a andar, así que como decía el poema de Gabriel Celaya: “¡A la calle!, que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.”

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