Algunas notas sobre la creación audiovisual

ESPACIO DIDÁCTICO

Por Noel Méndez Budia
Área de cine de la EMAV

Li Po (701-762) es uno de los poetas más importantes de China. Vivió como un nómada, como un viajero incansable, entregándose a una vida de bebida y placeres. No se comparó con los demás, vivió su propia vida llena de aciertos y errores. De los más de veinte mil versos que escribió sólo se recuperaron unos 1800. Nunca se preocupó de los éxitos literarios y se entretenía escribiendo poemas para luego arrojarlos a los ríos y ver como flotaban.

Como Li Po hace 13 siglos, como cualquier ser humano en cualquier parte del planeta tierra, todos nos enfrascamos en el camino de la creación. Con múltiples intenciones, expresar lo que sentimos, construir relatos que nos emocionan, imaginar individual y colectivamente, explorar nuestros límites a través de las relaciones con los demás y de nuestros sueños y pesadillas. Al crear nos emocionamos, reímos y lloramos pero también sufrimos ante el miedo, las expectativas, las presiones, los juicios tantos internos como externos. En este hermoso viaje corremos el peligro de creer que somos nuestras creaciones, que nuestro trabajo es nuestra identidad y empezamos a ver el mundo de manera estratégica, como si los demás fueran objetos para utilizar. La realidad es que nos presionamos a nosotros mismos y a los demás hasta límites insospechados porque pensamos que nuestros proyectos son una cuestión de ego. Una parte de nosotros, de nuestra propiedad.

Pero la creación es algo más natural. Se construye con el simple hecho de moverse, de vivir, nunca es completa o perfecta, tampoco es nunca incompleta si sabes aprender de ella. Y es fruto de las relaciones que tienes con los demás y de cómo estás te construyen. Si pensáis un momento, nosotros somos lo que somos en relación, nunca como individuos aislados. Así que realmente todo es una construcción en relación, no hay nada intrínsecamente tuyo.

Durante un tiempo nos enfrascamos en crear y debemos saber cuando soltar para poder seguir nuestro camino y no estar atrapados en un mismo estilo o caer presos de la rutina. Durante todos estos años de creación y aprendizaje he observado multitud de veces en mí y en los demás las vicisitudes de este viaje. Y ahora cuando veo a mis alumnos embarcarse en sus proyectos, los veo navegar por el mismo rio de temores y esperanzas. Nadie te enseña a crear y construir colectivamente, y es muy habitual que un mundo que hemos basado en la consecución de objetivos por el medio que sea, pasemos por delante de los demás y de nosotros mismos sin el merecido respeto y cariño.

Nos pasamos cientos de horas explicando técnicas, intentando enseñar como atrapar nuestras creaciones en formas perfectas, en luz y sonido de alta resolución, con una exposición amplia, con un color exacto para explicar los matices adecuados, captando el sonido sin imprecisiones. Empleamos cientos de horas en los workfl ows y los talleres técnicos, pero nos olvidamos de que no hay nada que construir sino conseguimos contactar con nosotros mismos. Sino vibramos con lo que nos rodea. Quieres ganar fama y dinero, esa es tu motivación, no digo que se mala pero si empezamos el viaje anticipando el destino somos como turistas, como artesanos que conocen la técnica, pero que no van a poder aprender con ella, ya que la realidad despliega su sutileza y profundidad, y solo una mente libre de sus propias obsesiones sabrá verla.

Hay una manera de aprender de nosotros mismos durante esta travesía pero requiere de atención y valor, de estudio de lo que sentimos, cuáles son nuestras emociones, de que están hechos nuestros pensamientos. Requiere no emplear el futuro para tapar nuestras carencias y miedos y de no vivir atrapados por nuestro pasado. Ni futuro ni pasado pueden ser lugares a los que huir, pues sólo tenemos presente, y en este mismo momento estas respirando, estas vivo. Requiere equilibrio mirar el presente comprendiendo lo que es, como si fuera una imagen en un espejo. El monje zen Dogen Zenji lo expresa así:

“No me preguntes hacia donde me dirijo, ya que viajo por este mundo ilimitado, donde a cada paso que doy es mi hogar” Dögen Zenji

Nuestra actitud ante las experiencias que vivimos es clave. Y muchas veces para poder tener una actitud con el corazón abierto es importante entender que estamos haciendo. De que trata nuestro proyecto, nuestros motivos, energías, compañeros, experiencias, colocando las cosas en su sitio. Un análisis detallado nos puede calmar. Y para ello hay que trabajar nuestras obsesiones y reacciones inconscientes si no van a originar nada positivo. Piensa tres veces antes de actuar dicen algunos. Si crees que tienes un problema, entonces tienes un problema porque todo se ve a través de una perspectiva. Pero si la cambias puedes empezar situando ese problema como una oportunidad de aprendizaje, un camino para crecer como persona. No hay mayor aprendizaje que equivocarse. Porque el fracaso, aunque duela, es para una mente atenta a la oportunidad de ser mejor, de construir de una nueva manera más bondadosa, más creativa, más receptiva, sutil, coherente y profunda.

By | 2018-05-08T12:17:59+00:00 abril 20th, 2018|Categories: Espacio didáctico|